Las corrientes de hoy en día centradas en el bienestar psicofisiológico de los individuos de la sociedad, de las personas completas que somos sintientes y con derecho a un bienestar, nos aproximan a una sana y a veces necesaria individualidad para conocernos y cuidarnos.
Sin embargo, esta individualidad a veces nos aisla del contexto que nos rodea.

Ninguno de nosotros, estamos de manera individual en el mundo. Todos formamos parte de un sistema, de un todo, una sociedad, un grupo grande con gropusculos más pequeños: tu país, tu ciudad, tu comunidad, el grupo del gimnasio, tu grupo de amig@s, tu trabajo, etc.
Cada uno de estos conjuntos es mucho más que la suma de sus elementos. Son ecosistemas sociales con una vida propia, voz grupal y un cuerpo emocional y sintiente si lo observamos desde una perspectiva sistémica.
¿Qué es la voz emocional colectiva?
Abordar un grupo desde esta perspectiva sistémica consiste en tomar a la suma de las partes como un todo. Este todo posee una voz física, unas emociones y una identidad que además integra los espacios físicos donde se desenvuelven.
Esta visión puede sonar abstracta, pero ayuda a entender cómo una agrupación musical se comporta.
¿No os ha pasado que cuando vais a orquestas diferentes teneis sensaciones distintas? Hay orquestas que se sienten más abiertas, otras en las que te da la sensación de que no puedes ni moverte…
Es importante entender que las agrupaciones tienen un estado emocional presente fruto de las vivencias y sentimientos de sus integrantes y potenciado por las dinámicas del conjunto basadas en sus interrelaciones.

La orquesta VIVE
Al igual que cualquier individuo, ha vivido experiencias fuertes, incluso han podido suceder traumas colectivos, que dejan inevitáblemente una marca y que se pueden transmitir a los nuevos integrantes sin que estos sean conscientes.
Un director titular que se obsesionó con la articulación en el pasado dejará una huella en la manera de trabajar que puede perdurar y moldear la conducta musical y social de las futuras generaciones.
Este fenómeno de transmisión generacional, no solo ocurre como en el experimento de los monos y los plátanos de una manera negativa, también en sentido constructivo.
Un lider de sección que comenzó a tratar bien a su sección, que introdujo una manera agradable de trabajar, con espacios para el diálogo y la duda, también estará creando un cambio sistémico en esa parte del sistema más grande, que es la orquesta.
Estas marcas confieren la memoria colectiva del grupo, de manera positiva o negativa.
La voluntad de evolución para el sistema musical.
Al igual que el desarrollo personal, la transformación del sistema solo es posible si existe una voluntad y una apertura genuina para comenzar a ser consciente.
Interrumpir conductas desadaptativas (como juicios, competitividad o patrones de respuesta automáticos) o comenzar otras constructivas (como la comunicacion no violenta o redes de apoyo y comunicacion sana) conlleva primero ser consciente y despues grandes dosis de motivación intrínseca, energía y deseo de evolucionar colectivamente.

El liderazgo a cualquier nivel en la organización (desde el intendente hasta el vendedor de tickets) juega un papel clave para encauzar esta consciencia.
Sin embargo, el pensamiento sistémico no sustituye el trabajo de autoconsciencia individual y personal de cada uno, sino que lo potencia a través de convertirnos en agentes del cambio en los sitemas de los que formamos parte.
Si continuamos estudiando nuestro instrumento para poder seguir estando al nivel y en consonancia con nuestros compañeros, ¿por qué no practicar también esto a nivel personal y compartir esta responsabilidad?

