Escalando con un excelente guía, me doy cuenta de algo fundamental: estoy fluyendo. Me molesta la rodilla y no estoy acostumbrado al tacto de la roca en mis poco callosos dedos. Estamos colgados de una pared de 100 metros, con una caída de unos cuantos más. Sin embargo, estoy enfocado en encontrar el próximo apoyo.

Por delante todavía 300 metros de escalada y mi mente se mueve a la par que mi cuerpo piensa y ejecuta. Pausado pero seguro, sintiendo cada movimiento y sin sobreanalizar nada, solamente continuando y disfrutando.
Atención plena y acción fusionados en un término llamado estado de flujo o flow por M. Csikszentmihalyi
Una montaña de música
Como aficionado a la montaña que soy, no puedo evitar contemplar las similitudes entre las actividades al aire libre de montaña y la profesión de músico.
Sensación de libertad, de adaptar tus caminos, de proponerse retos que se puedan cumplir a través de un entreno, de satisfacción por el esfuerzo, de momentos complicados durante el camino, pero también paisajes (o pasajes) inolvidables, de satisfacción por llegar a la cima y transitar el paso complicado (o ese estracto orquestal conocido y delicado), pero esa certeza de que la obra no acaba hasta el último calderón, hasta que no llegamos a casa.
¿Por qué es posible esta sensación de fluir en circunstancias tan extremas en la montaña?
Riesgo y exposición, pero sin peligro real.
La clave reside en diferenciar riesgo y peligro. El peligro en la montaña (y en el escenario) no procede de la altura ni del juicio del público, sino del desconocimiento, de la falta de preparación previa, de la inexperiencia o de la incapacidad de prever y resolver escenarios adversos.
Cuando nos sentimos estresados al tocar, la mente puede interpretar la situación como una amenaza a través de la vía rápida tálamo-amígdala. Es posible que se active un diálogo destructivo («¿Qué dirán si fallo?», «No puedo permitirme estar nervioso», «no soy lo suficientemente bueno», «¡cómo has podido tocar esa nota desafinada!»). A pesar de haber preparado la obra al detalle, la ansiedad escénica puede emerger como una crecida repentina del río corporal y mental, atrapándonos en un remolino cognitivo del que resulta complicado salir sin práctica.
Compañero de cordada
En esta actividad de montaña contaba con una persona que me daba mucha seguridad y calma, yo solo tenía que ocuparme de cumplir físicamente. Aun así, sabía que José Carlos sería capaz de solucionar cualquier posible problema que surgiera durante los dos días. Él se había empollado las vías, los lugares de parada y además tiene mucha experiencia en montaña. Por supuesto, también llevaba mis deberes hechos, videos mirados, técnicas repasadas, muchos nudos hechos en el sillón de mi casa para que salieran a la perfección colgados en la pared como un chorizo.

Por no decir que Jose Carlos es una persona muy agradable y con sutileza y sensibilidad que le dan una combinación ganadora para tratar con personas.
Compañero de acorde
En un concierto te encuentras solo ante tu partitura, el público y el concierto. Pero no estás solo, más bien acompañado de quien tengas dentro (juez o guía). Esa vocecilla va a amplificar aspectos de tu vida como tus creencias, tu educación, tu autoconfianza, tu práctica.

Así como algo técnico no se puede hacer directamente en el concierto, tenemos que practicarlo para dominarlo. La relación con esta voz interna debemos observarla y trabajarla poco a poco cada día de práctica.
Para algunas personas será sencillo, habrá una voz amable que les ayude a dar pequeños pasos para mejorar aunque haya un poco de miedo, para otras será más complicado por tener a un juez implacable que cuestione todos sus movimientos. No hay uno bueno y uno malo, solo la nuestra y la de los demás; cada un@ debe trabajar la que tiene.
No se elige, pero se entrena y evoluciona con nosotr@s.
La próxima vez que prepares un concierto, una clase, un recital o una excursión puedes preguntarte:
- ¿Tiene nuestro equipo experiencia suficiente para afrontar este reto?
- ¿Soy capaz de sobrellevar el riesgo de un fallo?
- ¿Cómo creo que va a responder mi cuerpo? ¿Y mi cabeza?
- ¿Ese fallo me puede llevar a un peligro real?
- ¿Qué mensajes quiero que haya en mi cabeza cuando llegue el paso difícil?
- ¿Me veo capaz de antemano o quiero llevarlo a cabo para saber que soy capaz?

